La moraleja del árbol de los regalos

La moraleja del árbol de los regalos

¿Has pensado alguna vez en la moraleja del cuento de Shel Silverstein, El árbol de los regalos, y en su paralelismo con el futuro potencial de nuestra cultura?

Me encanta el cuento y se lo he leído a cada uno de mis hijos muchas, muchas veces. Pero piensa en lo que ocurre en esa historia.

Primero, el niño está contento con lo que tiene; respiro, alegría, manzanas, un lugar especial.

Después, el niño se pone descontento porque quiere dinero, necesita dinero. Así que toma todo (todas las manzanas) de una vez para venderlas.

Pero esto no es suficiente. El niño quiere una casa para poder formar una familia. Así que corta (despeja) las ramas.

Esto aún no es suficiente. Ahora necesita escapar de esta vida que ha creado a costa de otra. Así que corta lo que queda.

Al final, todo lo que queda es un tocón y un hombre de aspecto viejo y decrépito. Y todo lo que el hombre puede hacer es sentarse en el tocón sin hacer nada.

¿Es esta historia una metáfora de hacia dónde se dirige nuestra cultura? ¿Nos dirigimos a un futuro de tocones, literal y figuradamente, en el que nada, ni nosotros ni el mundo que nos rodea, puede prosperar?

¿Conseguimos tanto dinero que lo extraemos todo del mundo que nos rodea? ¿Destruimos los bosques, eliminamos las cimas de las montañas, pescamos en exceso en el océano, contaminamos la atmósfera, sólo porque «necesitamos» más y más y más?

¿Y hacemos caso omiso de todo esto porque no somos nosotros los que realmente destruyen nuestro mundo? Dejamos el trabajo en manos de otros, pero eso sostiene nuestro estilo de vida. Conducimos por la autopista y vemos árboles y así asumimos que las cosas están bien. Pero esos árboles son como herramientas de marketing mal utilizadas. Ocultan la verdadera verdad. Es lo que no podemos ver lo que debería asustarnos.

Somos adictos al mundo del que seguimos tomando y asumimos que las cosas estarán bien. Pero puede que sólo nos dejemos un tocón en el que sentarnos y consumirnos.

Adelante, vuelve a leer el libro. Pero esta vez compara el árbol que da con el hombre que toma y toma y no da nada a cambio.

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